lunes, 28 de enero de 2013

Destino final... perdido en Buenos Aires. (25037)


-¿Usted cree en el destino?-, me preguntó El , 
mientras se rascaba la oreja con un aire demencial.
-Reto al destino, Ladrón sin destino, Clandestino-, respondí,
 sabiendo que cuando pregunta una pavada lo mejor es responder con otra.
-No sabe lo que me pasó hoy...-, insistió, tratando de obligarme a caer en la tentación
 de sumergirme en su lógica aristotélica, aristocrática, aristogatos.
-Si supiera sería un adivino y no un prestidigitador, 
un alquimista, una metamorfosis ambulante.
-Veo que está dispuesto a todo, así que no voy a dudar en contarle algo fascinante que ocurrió esta tarde mientras me dirigía a la Plaza de Mayo en el Subte D.
-D de destino, de dedo, DDT-, dije, para que supiera que podía comenzar.
-Yo estaba sentado, con el grabador prendido, con la leve esperanza de que se me ocurriera
 una idea para una historia. 
 el asunto es que en Callao se sube un hombre y dice "Señoras y señores, 
les ruego un instante de su amable atención. 
Con o sin su permiso, a no ser que se confabulen para evitarlo y tomen medidas concretas para impedirlo, voy a leerles un poema que acabo de escribir. 
Es, obviamente, un original, y está a la venta. En cuanto acabe la lectura, iniciaremos una subasta y el mejor postor podrá quedarse con esta obra única, poseyendo al mismo tiempo sus derechos autorales y la posibilidad de publicarla y/o difundirla de la manera que más le guste. 
Sin más preámbulo, damas y caballeros, respetable público, me lanzo a la aventura de la interpretación, consciente de mi falta de entrenamiento tanto en las artes escénicas 
como en las marciales."



Imagínese mi entusiasmo...-, concluyó ella, obviamente dispuesta a recitar.
-A ver, espere un poco...-, dije y cerré los ojos.
-No se estará haciendo el tonto ¿no?-, preguntó.
-No necesito hacerme el tonto. Lo soy, aunque intente no serlo tanto
. El poema, por favor-, dije, con un gesto apropiado para la ocasión.  
-Ah, sí, sí, el poema...
Cómo las semillas, como el tallo, la raíz
como en las alturas, cómo un aprendiz
como de tu mano, como un poco más de pan
como lo que dejan, como lo que me dan.
Como como un niño, como como come un sol
como sin cuidado, como sin control
como si estoy bien y como si estoy mal
como cuando puedo, como como un animal
Como, como, como
Como te decía, cómo te esperé
como pasa el tiempo, cómo no lo sé
como un meteorito, como un resplandor
cómo, cómo grito, cuando como de tu flor
Cómo, cómo, como
Como con tus ojos, como de tu amor
como no me alcanza, como algo mejor
como con cuchillo, como un poco más de miel
cómo, como brillo, cuando como de tu piel
Cómo, como, cómo
Bueno, damas y caballeros, respetable público, eso es lo que tengo... 
no es Borges, lo sé, pero está en oferta...
 ¿Quién da más?, dijo el poeta, después del recital.
En ese momento me paré y grité "Yo. Yo lo quiero".
 Me parece que la gente pensó que era una obra de teatro callejero.
Yo estaba seguro de que iba a tener que pelearlo, pero no, nadie demostró el más mínimo
 interés por esa joya de la literatura instantánea. 
Creo que algunas señoras hasta estaban un poco asustadas. 
Yo estaba dispuesto a darle todo lo que tenía pero reflexioné y me di cuenta de que 
tenía 537 pesos y que la competencia era mínima. 
Pensé en ofrecerle 37, después 7, después me di cuenta de que era un miserable 
y se me ocurrió una idea genial. 
Dije: "mire, a mi el poema me interesa, soy comprador, y estoy dispuesto a darle todo mi dinero, pero antes me gustaría hacer una prueba. 
Ahí me dirigí al vagón entero: Señoras y señores,  quiero que sepan que tengo 537 pesos. 
Si alguna mujer está dispuesta a bajar en la próxima estación y hacer el amor conmigo sin darnos explicaciones de ninguna clase, le prometo 500 en efectivo y compro el poema por 37. 
Así, salimos todos ganando. Lo único que le pido a mi Dulcinea es que sea limpia 
o que esté dispuesta a darse una ducha ¿Alguna interesada?
Para mi sorpresa, se paró una que no estaba nada mal y gritó "Yo".
Ahí la gente estaba segura de que era una obra o que algo raro pasaba.
 Yo también estaba sorprendido pero contento porque me iba a llevar el poema e iba a hacer rendir mucho más mi dinero. Le di al muchacho los 37 y me bajé con la dama.
 Cuando estábamos en el andén, le pregunté si le pagaba antes o después.
Me dijo:
- "A vos te voy gratis, papito... ¿Qué te pensaste, que soy una puta?".
-¿A no?
-No, boludo, soy Ana, tu novia del colegio.
-Pero, che, qué cambiada que estás.
-¿Y qué querés, tarado? Son 30 años...
-¿Tanto?
-Si, tanto.
-Anita... qué lindo verte. 
Ahí El Príncipe hizo un silencio y retomó:
-Bueno, destino final, su casa. El resto es literatura...
-Me imagino que después de tanto ahorro me va a invitar a comer algo-, dije yo.
-Veremos qué nos depara el destino...