
"La armonía es necesaria, y el bienestar nos conduce a ella.
Pero eso puede confundirse con placer. El placer produce una insatisfacción crónica, una ansiedad eterna y una sed insaciable. Están los que creen que la única batalla es aquella contra el dolor, y que lo demás no cuenta. Empero, no saben lo que representa la batalla contra el sentido de placer.
La situación de la tierra está de tal forma que al hombre no le importa quién sucumba, ni los medios usados para concretar los fines que anhela. De ese modo, es automáticamente perseguido por otros hombres, en el afán de conseguir medios propicios para lograr el propio placer. Así vienen las enfermedades incurables, el dolor, la tristeza y la muerte que véis alrededor. Cuando están sumergidos en el placer, el dolor los consume, e ilusoriamente tratan de no verlo. Para tranquilizarse, sueñan con la inmortalidad y con la panacea curativa.
A través de la vehemencia con la cual consiguen ciertas formas de comodidad y bienestar puramente sensorial, lo cual ya constituye una tendencia intrínseca en la naturaleza de la especie humana, seccionan la esfera energética del planeta, repartiéndola en pedazos. Ciegamente, intentan apoderarse de la energía cósmica de la vida, sin conseguirlo. Para institucionalizar el bienestar material establecen principios rígidos y la propiedad privada.
Así, los recursos naturales, expresiones de la energía del tercer plano, sabiamente manifestadas en función de la armonía esencial del universo para servir de sus tentación y complementación de las metas de la evolución, se convirtieron en propiedades de algunos. Les sirven para adquirir y mantener el propio estado de bienestar egoísta.
Eso fue lo que, al principio tímidamente, con el tiempo evolucionó hacia formas cada vez más alienan¬tes, regularizadas por el ejercicio de nuevos métodos crea dos por el hombre. Los recursos naturales son incluso hoy vendidos a quienes pueden pagar por ellos, o sea, a quienes puedan dar a cambio de ellos papeles sellados, cuya cantidad varía según un "precio" estipulado. Esos "precios" son determinados por caprichos, o por la triste y conocida "ley de la oferta y la demanda" : Así, los billetes o el dinero se convirtieron en el medio de intercambio entre los terrestres.
Esa práctica absurda comienza a forjarse al mismo tiempo que los hombres dedican buena parte de sus años a acumular dinero, a través del dominio de los de más, de los ardides y de la explotación de los recursos naturales, olvidando totalmente el desarrollo de los propios sentidos superiores. Al permanecer éstos inactivos, no pueden indicar al hombre otras realidades, salvo la de las sensaciones.
Mediante sus "fortunas", algunos seres humanos mantuvieron un número creciente de semejantes a su servicio, lo que reprodujo hasta el infinito la relación de trueque de esfuerzos humanos por dinero. Así, des-ligados de otras concepciones, se lanzaron insaciable¬mente a satisfacer sus instintos alienados. Por no de-sarrollar sus facultades superiores, permanecieron prisioneros de las inferiores.
Esa situación diferencia hoy a los hombres, induciéndolos a luchar en condiciones de desigualdad."
La situación de la tierra está de tal forma que al hombre no le importa quién sucumba, ni los medios usados para concretar los fines que anhela. De ese modo, es automáticamente perseguido por otros hombres, en el afán de conseguir medios propicios para lograr el propio placer. Así vienen las enfermedades incurables, el dolor, la tristeza y la muerte que véis alrededor. Cuando están sumergidos en el placer, el dolor los consume, e ilusoriamente tratan de no verlo. Para tranquilizarse, sueñan con la inmortalidad y con la panacea curativa.
A través de la vehemencia con la cual consiguen ciertas formas de comodidad y bienestar puramente sensorial, lo cual ya constituye una tendencia intrínseca en la naturaleza de la especie humana, seccionan la esfera energética del planeta, repartiéndola en pedazos. Ciegamente, intentan apoderarse de la energía cósmica de la vida, sin conseguirlo. Para institucionalizar el bienestar material establecen principios rígidos y la propiedad privada.
Así, los recursos naturales, expresiones de la energía del tercer plano, sabiamente manifestadas en función de la armonía esencial del universo para servir de sus tentación y complementación de las metas de la evolución, se convirtieron en propiedades de algunos. Les sirven para adquirir y mantener el propio estado de bienestar egoísta.
Eso fue lo que, al principio tímidamente, con el tiempo evolucionó hacia formas cada vez más alienan¬tes, regularizadas por el ejercicio de nuevos métodos crea dos por el hombre. Los recursos naturales son incluso hoy vendidos a quienes pueden pagar por ellos, o sea, a quienes puedan dar a cambio de ellos papeles sellados, cuya cantidad varía según un "precio" estipulado. Esos "precios" son determinados por caprichos, o por la triste y conocida "ley de la oferta y la demanda" : Así, los billetes o el dinero se convirtieron en el medio de intercambio entre los terrestres.
Esa práctica absurda comienza a forjarse al mismo tiempo que los hombres dedican buena parte de sus años a acumular dinero, a través del dominio de los de más, de los ardides y de la explotación de los recursos naturales, olvidando totalmente el desarrollo de los propios sentidos superiores. Al permanecer éstos inactivos, no pueden indicar al hombre otras realidades, salvo la de las sensaciones.
Mediante sus "fortunas", algunos seres humanos mantuvieron un número creciente de semejantes a su servicio, lo que reprodujo hasta el infinito la relación de trueque de esfuerzos humanos por dinero. Así, des-ligados de otras concepciones, se lanzaron insaciable¬mente a satisfacer sus instintos alienados. Por no de-sarrollar sus facultades superiores, permanecieron prisioneros de las inferiores.
Esa situación diferencia hoy a los hombres, induciéndolos a luchar en condiciones de desigualdad."