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La imagen de la mujer de los ojos azules presidia
la gran superficie.
Los niños jugaban y su actividad era para ellos
lo único que existe en el mundo.
Los adolescentes paseaban manteniendo posturas de una
seguridad en si mismos que estaban lejos de tener.
Con imagen y vestuario que les permitían pensar
que pertenecían a un grupo.
Paseaban aparentando lo que no eran.
Pero si eran lo que aparentaban.
Las señoras tomaban el café tranquilamente, hablando entre ellas, con el carrito ya lleno- junto a ellas.
Los singles -la nueva raza- compraban exquisiteces e innecesidades, siempre con cara de entendidos.
Ellos estaban descubriendo el mundo.
Algunos ancianos, sentados lejos del frío de la calle,
arreglaban el mundo, ya que no les dejaban arreglar sus casas.
Y él, sentado, mirando lo que pasa a su alrededor.
Con el corazón frío (como siempre).
Preguntándose a donde se dirigiría,
preguntándose donde le llevaría el desvió de esa carretera cortada.
El portátil le dio la señal de haber captado una conexión.
Entró.
Y siguió fingiendo que jugaba a vivir.
Sabiendo que estaba perdido... Sin reglas.
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