
Eva guarda un secreto
que no sabe ni Dios y se comenta
que la culpa de amor que la atormenta
tiene un nombre concreto;
en andas de eludir divino reto
simula ser la esposa más atenta,
a cuenta
de cumplir con el libreto
que le dicta el sermón de la montaña
y hambrienta se enmaraña
lo mismo que una loba decidida.
El cándido de Adán, que nunca duda,
a besos la desnuda,
creyendo ser el hombre de su vida.
Incluido en De diluvios y andenes.