
Numerosos proyectiles cósmicos perforan los arrabales de la Nebulosa de Orión, situada aproximadamente a 1500 años-luz de distancia, en este nítido primer plano en luz infrarroja.
Los proyectiles son disparados por la formación de estrellas masivas y muy energéticas. Son, en realidad, nubes de gas caliente y relativamente denso con un tamaño equivalente a diez veces la órbita de Plutón.
Los proyectiles son disparados por la formación de estrellas masivas y muy energéticas. Son, en realidad, nubes de gas caliente y relativamente denso con un tamaño equivalente a diez veces la órbita de Plutón.
En la imagen en falso color mostrada arriba son las estructuras vistas en tonos azules.
Brillan con la luz de los átomos de hierro ionizados y viajan a velocidades de cientos de kilómetros por segundo. Como el gas de hidrógeno de la nebulosa es calentado por el impacto, los rastros de color amarillo delatan la trayectoria de los proyectiles.
La segunda imagen muetra la Nebulosa de Orión por el Hubble.
Brillan con la luz de los átomos de hierro ionizados y viajan a velocidades de cientos de kilómetros por segundo. Como el gas de hidrógeno de la nebulosa es calentado por el impacto, los rastros de color amarillo delatan la trayectoria de los proyectiles.
La segunda imagen muetra la Nebulosa de Orión por el Hubble.
Son pocas las imágenes del cosmos que despiertan tanto la imaginación como la Nebulosa de Orión.
El gas resplandeciente de la nebulosa rodea a las estrellas jóvenes y calientes situadas en el borde de una enorme nube molecular que se encuentra a sólo 1.500 años-luz de la Tierra.
La nebulosa de Orión, conocida también como M42, ofrece una de las mejores oportunidades para estudiar cómo nacen las estrellas.
No sólo porque es la región de formación estelar más grande y cercana, sino también porque las estrellas energéticas de la nebulosa expulsaron las oscuras nubes de gas y polvo que de otro modo obstaculizarían nuestra visión.
En consecuencia, gozamos de una mirada profunda a un amplio rango de etapas en curso que abarca tanto la formación estelar como su posterior evolución