martes, 25 de febrero de 2014

Encamote...



La historia de la rusa y el gallego 
venía mal parida, 
parece que la nami, desvestida, 
ardía como un trópico de fuego; 
el gaita, mujeriego,
pasado de falopa y de bebida,
con hervores de sangre contenida
le propuso jugar al gallo ciego;
adúlteros los dos y desmedidos
se embisten a gemidos
en la rante penumbra de la pieza,
fatídica mañana,
el novio de la gringa que era cana
apuntó sin dudar a la cabeza.


Del libro De diluvios y andenes.