
Su aparición resulta siempre de lo más vistosa. De vuelo firme y directo, baten sus alas triangulares con mucha rapidez y periódicamente planean sin perder altura, lo que les ha valido el sobrenombre popular de « aviones».
Son aves gregarias que permanecen siempre en bandadas y al llegar a zona urbana describen en el aire coreografías de una gran belleza plástica. Despegan casi simultáneamente, al unísono giran y vuelven formando una masa compacta que se estira y se vuelve a compactar como un cardumen, aterrizando de manera coordinada sobre los árboles que les servirán de abrigo.

Molestias
La ausencia de depredadores naturales, y la ampliación de su dieta habitual (insectos, frutos y brotes) a gustos humanos (desde gusanitos a cualquier otro tipo de residuo alimentario) ha favorecido su proliferación y adaptación al medioambiente de la ciudad. Una adaptación que tiene consecuencias para el vecindario en forma de ruido y, sobre todo, de excrementos blanquecinos que se acumulan en las zonas aledañas a sus perchas de pernocta, se trate de pavimento de carreteras y aceras o se trate de automóviles.
Para combatir las molestias de su presencia masiva se suele recurrir a ahuyentadores sónicos (detonaciones) o a la introducción de halcones y gavilanes, depredadores naturales.
Pero es difícil que esta medida sirva para controlar la población de estas aves urbanitas.
Ir siempre en bandada es su mayor fortaleza, por eso y pese a las molestias,los estorninos seguirán anunciando los atardeceres.


