lunes, 24 de enero de 2011

Aquella imagen quebrada...


A veces, contemplarse en el espejo no es verse de frente.

 Es una visión alternada por las fracturas. 
Donde la recomposición de la imagen es un enigma.
 Tal vez es más auténtica que la mirada ordinaria.
 Puesto que se reconoce en la quiebra del que queda reflejado. 
En la mirada común los personajes se echan un vistazo.
 Se elevan, se tantean, se reorganizan.

 Simulan.

 Luego se trata de reaccionar ante el desajuste y reconstruir
 una actitud, aunque sea efímera o simplemente teatral.

 Pero no siempre ponerse ante el espejo es saber verse.

 No siempre las posiciones lógicas nos muestran tal como somos.
 Los espejos quebrados, sin embargo, nos remiten 
a nuestras propias roturas.

 Ahí sí que acertamos a ver nuestra imagen aproximada.
 En el ejercicio por sobreponernos, no por ocultarnos.

 Acaso por esa razón el realismo en la figuración
 pictórica no me apasiona.

 Salvo que tenga un alma detrás, y entonces es otra cosa.


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