miércoles, 26 de enero de 2011

Cada mañana


Me tomo un café en el bar de siempre.

Solo, sentado en la mesa de siempre.

Me gusta mirar a los demás.

Algunos se toman su consumición y se van a toda prisa,
 otros entran y se ponen en su lado.

Observo que muchos esconden el diario debajo del que leen para poder tener doble lectura.

Lo meten dentro de alguna revista y se sientan tranquilamente
 a pasar la mañana.

Acaparan todo lo que ven para su beneficio personal.

Me entra la risa irónica al verlo.

 Cierro los ojos mientras bostezo por décima vez.

 Curvo mi espalda y noto cómo se relaja.

 Imagino por un momento que todo salta de su sitio y cambia de lugar.

Que puedo dar saltos de un lado al otro del espejo.

¿Por qué no?

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