Me tomo un café en el bar de siempre.
Solo, sentado en la mesa de siempre.
Me gusta mirar a los demás.
Algunos se toman su consumición y se van a toda prisa,
otros entran y se ponen en su lado.
Observo que muchos esconden el diario debajo del que leen para poder tener doble lectura.
Lo meten dentro de alguna revista y se sientan tranquilamente
a pasar la mañana.
Acaparan todo lo que ven para su beneficio personal.
Me entra la risa irónica al verlo.
Cierro los ojos mientras bostezo por décima vez.
Curvo mi espalda y noto cómo se relaja.
Imagino por un momento que todo salta de su sitio y cambia de lugar.
Que puedo dar saltos de un lado al otro del espejo.
¿Por qué no?

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