sábado, 22 de enero de 2011

Espectros del amanecer...


Espectros al amanecer.

 Siempre me han gustado las centelladas intensas que me encuentro
 en el camino, de madrugada. 

Cuando un color unívoco e inapelable silencia ruidos
 y calma respiraciones. 

Tal pareciera que los árboles hubieran nacido simplemente
 para dejarse colgar velos nupciales.

 Ese instante preciso y casi imperceptible en que la frontera entre la luz que llega de algún lugar lejano y la tonalidad implícita 
de la helada no se da ya.

 Nunca vi tal claridad que ocultara la gama del arcoíris
 de la naturaleza y de las cosas, como si éstas nunca hubieran existido.

 Y la arbolada, mostrándose soberbia e íntima.

 Allá donde se vuelve recóndita la savia y se aletarga para sorprendernos nuevamente a la vuelta de la próxima estación.

 No hay larga espera. 

No hay nada que esperar:
 la belleza está ante mis ojos.

 Un pulso a la multiplicidad de luces, que ahora se singularizan.

 Sin perder expresión.

 Hablando de otra manera.

No hay comentarios: