El astrofísico y matemático Stephen Hawking,
comparte una anécdota que no tiene precio sobre su encuentro
con el Papa Juan Pablo II, en 1981.
En el capítulo ocho (El origen y destino del Universo) de su fabuloso libro, "El Universo en resumen", Hawking cuenta de una conferencia
en el Vaticano, organizada por los jesuitas para discutir
las últimas opiniones científicas acerca de la cosmología,
sobre el origen y la estructura del universo.
Después de recordar a los oyentes del "gran error" del Papa en lo que respecta a la revolucionaria afirmación de Galileo, de que la Tierra órbita alrededor del sol y no a la inversa, Hawking recuerda su invitación de visitar al Papa en la celebración de la conferencia.
Así cuenta la historia Hawking, "El Papa nos dijo que teníamos todo el derecho a estudiar la evolución del universo después del Big Bang, pero no deberíamos indagar en el Big Bang en si mismo, porque ese fue el momento de la creación y, por tanto, la obra de Dios".
Hawking entonces (sin duda, mordiéndose la lengua) respondió así
"Me alegro de que no supiera nada del tema de la charla que acabo de dar en la conferencia, es decir, la posibilidad de que el espacio-tiempo sea finito pero ilimitado, lo cual significa, que no tiene principio ni momento de creación. No desearía compartir la suerte de Galileo, con quien me une un fuerte sentido de identidad, en parte debido a la coincidencia de haber nacido exactamente 300 años después de su muerte".
Y digo "mordiéndose la lengua", porque Hawking es muy consciente del hecho de que la Iglesia Católica puede ordenar a sus seguidores para que se adhieran a la visión del cosmos que prefieran, pero ya no tiene el poder para obligar a la aceptación dentro de sus filas o más allá.
Y digo "mordiéndose la lengua", porque Hawking es muy consciente del hecho de que la Iglesia Católica puede ordenar a sus seguidores para que se adhieran a la visión del cosmos que prefieran, pero ya no tiene el poder para obligar a la aceptación dentro de sus filas o más allá.
Podría darles un ataque de apoplejía a los literales bíblicos por lo que sigue a continuación.
Hawking tiene una serie de bocetos que ilustran los acontecimientos en el cosmos, desde el Big Bang hasta la aparición de moléculas complejas y la materia viva, partiendo de los primeros segundos, luego en minutos y después en años, con los que se estiman los eventuales 15.000 millones de años.
Contra eso está la teoría de la "tierra joven", claman los creacionistas. Galileo fue afortunado al obtener sólo un arresto domiciliario.
Entre paréntesis, todo ello no requiere de un fósil, correctamente datado en 2,5 millones de años, para refutar la teoría de la "tierra joven" de unos 10.000 años.
Entre paréntesis, todo ello no requiere de un fósil, correctamente datado en 2,5 millones de años, para refutar la teoría de la "tierra joven" de unos 10.000 años.
Todo lo que se necesita saber es la velocidad de la luz y una estimación de la distancia en el espacio a un objeto observado.
La galaxia de Andrómeda, por ejemplo, (nuestro vecino galáctico más cercano), se estima en alrededor de unos 2,5 millones de años luz de distancia.
Un haz de luz observado ahora, significa que dejó Andrómeda hace 2,5 millones de años atrás. Se deduce entonces, que Andrómeda tiene una edad de 2,5 millones de años.
La perenne tensión entre el mundo de la realidad y el mundo de la fe se hizo evidente cuando el Papa advirtió a Hawking (y de hecho, a todos los científicos), que se abstuvieran de traspasar el límite de "la obra de Dios".
La perenne tensión entre el mundo de la realidad y el mundo de la fe se hizo evidente cuando el Papa advirtió a Hawking (y de hecho, a todos los científicos), que se abstuvieran de traspasar el límite de "la obra de Dios".
Si esta precaución se tomara en serio, los científicos tendrían muy poco espacio de trabajo para ejercer su cometido.
Los religiosos, en efecto, fijan los límites de la investigación científica.
Si bien la sociedad, en general, puede regular determinados aspectos de la investigación, sería inaceptable permitir que las organizaciones religiosas regulen más allá de su capacidad para adoctrinar a sus miembros.
No se entiende bien qué razones ha habido y seguirá habiendo, para esta tensión dinámica entre la ciencia y la religión. En primer lugar, los métodos aplicados por la ciencia son radicalmente diferentes de los utilizados por los creyentes en la revelación.
En segundo lugar, la ciencia se ocupa de los aspectos cuantitativos (mensurables y observables), mientras que la religión se ocupa de una composición cualitativa (sentimental y subjetiva).
No se entiende bien qué razones ha habido y seguirá habiendo, para esta tensión dinámica entre la ciencia y la religión. En primer lugar, los métodos aplicados por la ciencia son radicalmente diferentes de los utilizados por los creyentes en la revelación.
En segundo lugar, la ciencia se ocupa de los aspectos cuantitativos (mensurables y observables), mientras que la religión se ocupa de una composición cualitativa (sentimental y subjetiva).
En tercer lugar, la ciencia se ocupa de lo que, en principio, sea verificable o falsificable, en tanto que los asertos espirituales no son ni verificables ni falsificables.
Por último, los científicos asumen que en el mundo hay un orden natural, regido por leyes naturales, mientras que los religiosos suponen que las fuerzas sobrenaturales podrían intervenir para alterar los eventos naturales.
Por último, los científicos asumen que en el mundo hay un orden natural, regido por leyes naturales, mientras que los religiosos suponen que las fuerzas sobrenaturales podrían intervenir para alterar los eventos naturales.
El escenario, al menos, está fijado para una competencia perpetua, y en el peor de los casos, para un feo conflicto.
En una democracia, una sociedad abierta donde el pluralismo es un hecho, es conveniente que se trabaje en una armonía de ideologías. La religión y la ciencia deben actuar con moderación y no invadir el ámbito del otro.
La revelación no puede competir con éxito con la ciencia, debido a que las muchas revelaciones contradictorias socavan sus asertos de verdad y exclusividad.
En una democracia, una sociedad abierta donde el pluralismo es un hecho, es conveniente que se trabaje en una armonía de ideologías. La religión y la ciencia deben actuar con moderación y no invadir el ámbito del otro.
La revelación no puede competir con éxito con la ciencia, debido a que las muchas revelaciones contradictorias socavan sus asertos de verdad y exclusividad.
Al fin y al cabo, la fe (creencia sin pruebas), tiene un enorme riesgo de credibilidad cuando se choca con ideas fundadas sobre una base empírica.
- Referencia | Herald-Mail.com, de agosto 2008
- Artículo rescatado de Navegando por la red.
- Artículo rescatado de Navegando por la red.

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