Leo Doctor Zhivago:
“Antonina Aleksándrovna pasaba revista a las vendedoras,
con la toalla sobre el hombro,
como si se dispusiera a lavarse con nieve.
Al final de la fila había una mujer con un pañuelo negro bordado
en rojo.
Vio la toalla bordada y se le encendieron los ojos.
Miró a su alrededor, se aseguró de que no había peligro,
y acercóse rápidamente a Antonina Aleksándrovna.
Descubrió su mercancía y susurró apresuradamente y con calor:
- Mira ¿Viste algo parecido?
¿No te gustaría tenerlo? Bueno no lo pienses más, o me lo quitarán.
Te cambio la toalla por esto.
Antonina Aleksándrovna no comprendió al principio.
Creyó que la campesina se refería al chal y preguntó:
- ¿Qué estás diciendo, mujer?
Pero la aldeana había aludido a media liebre, abierta en canal y asada, que tenía en la mano. Efectivamente repitió:
- Te digo que me des la toalla por esto
. ¿Qué estás mirando?
No creas que es gato.
Mi marido es cazador.
Es liebre, una hermosa liebre.
Se realizó el trato.
A las dos les pareció que habían hecho un gran negocio
y que la otra había perdido en el cambio.
Antonina Aleksándrovna se avergonzó de engañar
tan deshonestamente a una pobre aldeana y ésta,
contenta con el negocio, se apresuró a alejarse rápidamente del lugar del delito” (Boris Pasternak: Doctor Zhivago, VII, 9 ).
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Lo significativo.
Cuando se deja la Rusia Central y se avanza hacia el oriente comienzan los imprevistos.
Si invierno, la nieve; si primavera, el deshielo.
Los mosquitos en verano y la caballería roja recorriendo el camino
de la jauría blanca que lleva cuchillos en la boca.
Disparos en la tarde para ahuyentar al lobo y bandas de cornejillas implementando secuencias abstractas en el cielo de la taiga antes de que se cierre el rojo del atardecer.
Las inclemencias dibujan el paisaje que, ahora mismo,
siempre tan lejos de casa – aunque hace frío aquí y hay también pájaros que imponen vuelos autistas, ajenos a la Historia -
como si fuera otro mundo, la cuña roja de El Lissitzky
o el maldito GULAG envuelto en papel Stalin.
La huida hacia la naturaleza, el recogimiento en el pasado
que se sabe ya no está y sólo se husmea en su hueco.
Husmeo como un perro en la literatura, en el arte
y en una terrible ausencia
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Lo significativo.
Que una toalla bordada y “media liebre,
abierta en canal y asada” se definan como medida de equivalencia, asoladas las cosas en sus brillos y diferencias por los mercados,
la inflación, el hambre y la voluntad de engaño entre los pobres
(que Aristóteles decía malicia), la revolución y la contra, todo eso
es el discurrir habitual de los caballistas, cosa como de siempre,
algo que al Ángel de Klee-Benjamin sólo le eriza el vello de la mano.
Que Pasternak complemente la secuencia antropológica
con la instintiva camaradería del que aún se sonroja en el engaño inocente y casi naif ( trampeo y sisa que nadie ve ahora porque una toalla bordada es equivalente de un modo exacto a media liebre abierta en canal y asada), esto es significativo y moralmente hermoso.
Aún sin final feliz y en un horizonte precristiano,
no del todo del gusto del buen ruso, pintó su ojo de lágrimas.
Antonina Aleksándrovna pasea por la vieja estación,
rodeada de estraperlistas y campesinas maliciosas,
con su toalla posada en el hombro “como si se dispusiera a lavarse con nieve”.
Eso, sinceramente, es atrevido y es la fuerza que nos lleva a creer en la humanidad cuando el tiempo se paraliza.
¿Quién se negaría a ese baño de nieve para recuperar
el placer de un tiempo pasado?
La revolución esperaría una horas encerrada
en su tren blindado para que aprendiera de los vicios burgueses.

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