¿Es blanca la luz?
¿Es transparente?
¿Es alba u ocaso?
¿Es nacimiento o cénit?
¿Es intensa, tenue, muda, expresiva?
Los poetas transforman la luz en categoría de palabras.
¿Será porque desean trasladar su poder al combate con las mismas
palabras?
¿Consiguen de este modo desentrañar los sentidos?
Y se esfuerzan con más o menos éxito.
Proclaman los infinitivos, que siempre suenan a triunfales.
Llevar la luz a los significados.
Desbrozar la maraña a veces confusa que estos han hecho crecer. Llevar incluso la luz al rincón más apartado de la muerte.
Aunque en este caso,
¿será útil, siquiera para morir en paz?
Pero la luz no entiende de poesía.
Más se deja acariciar con las palabras torpes de los poetas.
Aunque a ella no le revele nada.

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