sábado, 5 de marzo de 2011

La mejor fotografía de la historia de la ciencia


En 2011 se cumplen 100 años desde que el químico e industrial belga
 Ernest Solvay auspició, pocos años antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, el primero de una serie de encuentros internacionales de física denominados Conferencias Solvay que, cada tres años, tienen lugar en Bruselas

Además, se celebra este año la edición número veinticinco de estos encuentros por lo que he creído conveniente conmemorar estas efemérides de una forma muy especial.

Gracias a su enfermiza filantropía, su afición a la ciencia y su gran popularidad, en 1911 Ernest Solvay se propuso organizar un congreso periódico para reunir a las mentes más privilegiadas del momento y tratar determinados temas abiertos de la física y la química
Para asistir a tales encuentros era menester una invitación especial, y los participantes debían concentrarse en un tema prefijado.
Sin duda alguna, la Quinta Conferencia Solvay fue la más famosa y se celebró en octubre de 1927 en Bruselas
El tema principal fue “Electrones y Fotones“, donde los mejores físicos mundiales discutieron sobre la recientemente formulada teoría cuántica, dieron un sentido a lo que no lo tenía y se dieron cuenta que para describir y entender a la naturaleza se tenían que abandonar gran parte de las ideas preconcebidas por el ser humano a lo largo de toda su historia.
Científicos, visionarios…genios, que tenían como objetivo comprender el universo, construyeron una nueva manera de entender el mundo…y le llamaron mecánica cuántica.
Los 29 científicos participantes en esta Quinta Conferencia Solvay formaron parte de una generación de oro como la que, posiblemente, no ha habido otra en la historia…
Diecisiete de ellos eran o llegaron a ser ganadores de Premio Nobel
sobran las palabras.
De este encuentro salió la que está considerada por la comunidad científica la fotografía más importante y famosa de la historia de la Ciencia, tomada por Benjamin Couprie, fotógrafo francés.
Fila superior:
 A. Piccard, E. Henriot, P. Ehrenfest, Ed. Herzen, Th. De Donder, E. Schrödinger, E. Verschaffelt, W. Pauli, W. Heisenberg, R.H. Fowler, L. Brillouin.

Fila intermedia:
 P. Debye, M. Knudsen, W.L. Bragg, H.A. Kramers, P.A.M. Dirac, A.H. Compton, L. de Broglie, M. Born, N. Bohr.

Fila inferior:
 I. Langmuir, M. Planck, M. Curie, H.A. Lorentz, A. Einstein, P. Langevin, Ch. E. Guye, C.T.R. Wilson, O.W. Richardson.

Pero, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los Congresos que se desarrollan en la actualidad, este encuentro estuvo, afortunadamente, repleto de tensiones y discusiones científicas.
En Bruselas, Albert Einstein debatió las “extrañas” conclusiones de la teoría cuántica con su más respetado y firme defensor, el “gran danés” Niels Bohr, comenzando una larga polémica entre estos dos maestros de la física del siglo XX, que se extendió hasta la muerte de Einstein en 1955.
Los choques dialécticos entre los dos genios y sus discípulos fueron de gran fuerza, pero de un gran respeto, y muchas son las anécdotas que se cuentan acerca de sus enfrentamientos.
Con toda curiosidad, la anécdota más famosa fue la protagonizada por Albert Einstein y Niels Bohr cuando discutían acerca del “Principio de Incertidumbre” de Heisenberg:
Einstein comentó “Dios no juega a los dados”,
 a lo que Bohr le contestó 
“Einstein, deje de decirle a Dios lo que debe hacer con sus dados”.

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