sábado, 23 de abril de 2011

El viejo Robot.


El viejo robot se comió el destornillador de estrella para el aperitivo.

 Le echaron del  taller porque comenzó a devorar todo lo metálico de forma compulsiva. 

Empezó con unos clavos, a lo que siguieron martillos y puntas,
 limas de hierro, aceite industrial y la lija del quince. 

“Es un buen digestivo, te deja el estómago lisito”, aseguraba.

 Se puso hecho un tanque y el médico le obligó a hacer una
 dieta estricta de tuercas y arandelas, pero por las noches 
se levantaba, abría la caja de herramientas y engullía varios tornillos.

Finalmente lo
  ingresaron en una chatarrería.

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