sábado, 23 de abril de 2011

Espejito... espejito


La bruja de Blancanieves, arruinada por su derroche en caros tratamientos cosméticos y operaciones de estética, no se pudo resistir 
a la millonaria oferta que le hizo Narciso 
(adicto al gimnasio y ávido acaparador de piropos)
para comprarle su espejito mágico, por lo que la señora tuvo
 que hacerse con otro artilugio agasajador. 

Tras una agotadora búsqueda en el mercado de segunda mano. 

Drácula le ofreció un ejemplar gótico de cuerpo
 entero por una ganga. 

“Lo tengo en oferta por falta de uso”, le explicó el conde, 
que lucía un aspecto deplorable y abandonado, 
con barriga desmesurada e hirsuto entrecejo. 

Nada más llegar al palacio, la bruja se enfundó un traje brillante 
de Versacce y preguntó a su nueva adquisición: 

“¿Quién es la más guapa del reino?”

 Una pícara niña con minifalda de colegiala echó el aliento 
sobre el cristal, y mostrando su dedo a la bruja,
 escribió en el vaho desde el otro lado del espejo: Alicia.



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