A sólo cien metros se encienden las lucecitas rojas de la Casa Turquesa.
Esta noche, como otras, la escarcha talla caprichosas figuras en los cristales.
En la acera de enfrente, entre cartones, emulo el parpadeo del neón y me desnudo lentamente detrás del humo de un cigarro.
El infortunio podría ser el nombre de un grupo de jazz de moda. Pero no.
El infortunio es sólo la música de los desheredados.
Danzan mis dedos hasta transformarse en un gesto pedigüeño.
Tiemblo de verguenza.
El borracho de los miércoles deja un billete arrugado en mi bolsillo.
Aquí no paga impuestos por cada caricia.
Me babosea, me toca, me posee, me usa, me hunde, me humilla, me olvida...
En la Casa Turquesa, las putas no pasan frío.
by. Rosa y la cara de la Luna.