
Este terco rigor con que consigno
ayunos y preceptos,
como reglas de un laico catecismo
que rige las acciones de tu cuerpo;
este fuego de ardor y de delirio
(adánica tutela de gobierno),
herida sin final y sin principio,
lo mismo que un desierto
de roja tempestad y de peligro
que vuelve lo que digo un evangelio
de espinas y cuchillos.
Por ley intemporal del Universo,
proclamo ser la cumbre y el abismo
y mando ser la llama del incendio.
Del libro de poemas Oceanario.