jueves, 24 de julio de 2008

Lágrimas ...


Kalima abraza y llena de besos a su pequeña hermana Sibebi, de 5 años. Su madre le acaba de contar lo que mañana le van a hacer.

- No llores, Sibebi. Intenta dormir un poco.

-¿Pero por qué me lo van a hacer? ¿Por qué me van a hacer daño?

Kalima calla. Ella aún no sabe el porqué. Sabe que en su comunidad se lleva practicando este rito desde hace más de dos mil años. Sabe que es una forma brutal de preservar la virginidad en las mujeres, y también sabe que se hace sin anestesia, con métodos rudimentarios, y que duele. Duele mucho. Y sabe que el otro día una mujer murió en el parto por complicaciones debidas a esa circuncisión. Y sabe, porque se lo ha oído a otras mujeres. Y sabe del dolor que te queda incrustado para siempre. Y sabe que a Sibebi le mutilarán su infancia. Lo sabe, pero no sabe que puede hacer a sus 10 años para impedirlo. Y no lo comprende.

Cada vez que se hace una de estas ablaciones, ella sale del poblado, y camina, camina tapándose sus pequeñas orejas, aunque ello no impide que los gritos le penetren el alma. ¿Y mañana?. Mañana es a su hermanita. Sibebi le ha pedido que le coja su mano mientras. Y Kalima empieza a morir un poco ya.

Nota: La foto es de la niña de 5 años Awa Walde, de Guinea, tomada por la reportera gráfica Ami Vitale. Llora después de haber sido circuncidada. Ciento cincuenta comunidades de Guinea decidieron poner fin a la circuncisión femenina en el país hace un año, donde cerca del 97% de las mujeres son sometidas a esta prácticas.

adolfocanals@educ.ar

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