jueves, 17 de julio de 2008

Reconocernos quizás.


Hoy he improvisado a medias. Esta mañana era tan parecida a aquella otra, que no he tenido que pensar dos veces. Cierro los ojos; me encuentro en un andén, hace ya muchos años. Es como una canción que no necesito recordar.

Los lunes atruenan mis silencios de sonidos de estación. Sé que no hay puentes que me devuelvan al que era. Como cuerdas al aire, siguen sonando sobre traviesa y traviesa las formas de viejo viaducto. Mi corazón no puede retener más. Tampoco me atrevo. Tocar los lugares de entonces para refrescar mi memoria, me cuesta y me emociona. Mucho menos tomar un papel y escribir que alguien me debe un beso que se quedó en el vagón, entre las patas de los asientos de madera. Una vez lo intenté; pero el recuerdo me trajo demasiados en una sola noche, y no pude con ellos.

Qué ironía: hoy deseaba que “quién fuera que fueses” me volvieras a hacer preguntas, cuando no tengo voz para responderte. Un deseo absurdo, impotente, yermo. Nos hemos mirado con las manos en los bolsillos, como si tuviéramos que guardar algo. Y luego me he bajado en una estación que no era la mía.

Sólo recuerdo eso.
Es muy poco, lo sé, pero quizás podamos reconocernos.


adofocanals@educ.ar

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