jueves, 17 de julio de 2008

Tan simple... risas y sin zapatos.

imagen: María Emilia Mendez

Un hombre de mi barrio, que estos días pasados supo zafarse
del abrazo asfixiante de “los mercados”,

contempla el mundo desde sus ojos cansados por el esfuerzo,
viendo como se borra su historia,
su cara y su identidad: la cosa que menos le importa…

‘A la postre, todos somos olvido’,

piensa;
aunque sabe que olvidamos más a aquellos que desconocemos,
y más aún,
a aquellos que ni se molestan en fingir reconocernos como seres humanos.
Y es que nadie le ve y nadie quiere verle.

Sin embargo,
se sabe que en este océano de palabras y risas,
un gentío sin alma le intentó levantar en andas por simplemente reír

donde,
casi asfixiado, consiguió escabullirse hacia una calle tan anónima o más que él,
para jugar aliviado a perseguir el eco de otras pisadas sin rumbo,
mientras los semáforos iban cambiando de color en medio de la soledad estrellada.

Cuando me lo crucé,
iba riendo sin los zapatos
y ese tipo de luz en la cara
que sólo es posible
si la llevas dentro sin que tenga que ser Navidad.

Y me puse tan contento,
que si yo tuviera cola, como los perros,
la hubiera movido a su paso.

adolfocanals@educ.ar

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