lunes, 13 de octubre de 2008

Ayer ...



Perpetuame en un álbum de estampillas,

con un perfil de pájaro

y el loco filigrana de mi cuerpo

mojándote la lengua.


Saltame en un secreto de rayuela,

uno, dos, tres, y el cielo para siempre,

el cielo entre mis muslos ascendentes

como nubes redondas.


Salpicame con la sonrisa húmeda

de tantos carnavales,

acechame como a una mariposa

enferma de verano,

buscame entre corsarios,

entre indios,

entre cawboys lejanos,

entre tantos papeles amarillos

que salvé del naufragio:

piedra libre, y te doy un beso,

piedra libre y te doy las alas

para volar hacia esos días viejos

con horarios en blanco.


Escuchame en un disco de Los Beatles,

desovillá mi piel y remontame

a una espléndida altura de gaviotas.


Dibujame en un muro con las tizas

que robaste en la escuela,

un blando monigote que se rompe

cuando un ogro de viento

abraza su cintura temerosa.


Deletreame mil veces

y aprendeme,

multiplicá la savia de mis huesos,

que dos más dos sea mi nombre para siempre.


Arrastrame a tu infancia,

y, poco a poco,

en un instante de nuestro ayer.

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