Los dioses envidiosos de su amor, convirtieron a Él y a Ella en viento y amapola.
El viento, iracundo al verse separado de su amor, rugió

El trigo, caprichoso y juguetón se doblegó ante la fuerza del viento susurrándole que recordara que podía encontrar entre sus espigas algo bello y amado que también destrozaría.
El viento a medida que escuchaba el susurro del trigo, fue amainando, dejando una suave brisa meciendo las espigas.
Enseguida descubrió entre el trigo, una roja figura, su amada y frágil amapola meciéndose por su brisa.

El viento volvía cada día con sus brisas más cálidas abriéndose paso entre el sabio trigo.
La amapola, confiando plenamente en su amado, se balanceaba al paso de la brisa del viento, que así la acariciaba.
En sus aires, su fragilidad; un soplo más fuerte y la amapola caía, teniendo el viento que esperar a que germinara una nueva para volver a acariciar a su amada.
*Él (el que recuerda)
*Ella(la acariciada)
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