El asombro en mi mente por semejante faena
equivale al de un agudo dolor en el espinazo.
Compadecerse daría paso al altruismo de propaganda,
forma que enmascara el acto de denigrar a nuestros semejantes.
La fortaleza exhibida es encomiable pero no sorprende.
Los vetustos e invisibles músculos de caoba no han sido moldeados al azar.
Ni el sudor que refresca su frente se rinde ante la intolerante fuerza del tiempo
y la tortuosa distancia.
Me sorprendería, sí,
tener la fortaleza necesaria para sustituirlo.
Ser el atlas que carga con facilidad su mundo en mi despreocupada espalda.
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