
Se desliza con decisión y sigilo por la superficie húmeda
y cubierta de vaho espeso.
Traza una curva y otra y luego una recta y se detiene a pensar.
Son apenas unos segundos latiendo en la yema.
Luego prosigue con su lento y preciso trazo
dando vida al ser que invade su memoria.
El cristal se somete a la cicatriz del silencioso idioma,
mientras el frío del invierno tirita entre los arbustos del jardín.
Por fin la última línea dibujada con el dedo índice
de una mano apocada e hirsuta.
Y en la ventana un nombre de mujer queda susurrado y desnudo.
¿Dónde empieza y termina su cuerpo?
¿Dónde su recuerdo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario