
En el cuaderno de tu espalda trazan caligrafía las yemas de mis dedos.
Esbozan en tus hombros caricias en minúsculas itálicas. Dibujan en tu omoplato tu inicial; soplan luego,
borrándola, y perfilan la mía.
Manuscriben azules anhelos bajo los signos de tus vértebras. Al llegar a tu cintura uno de mis dedos se rebela
y deja de escribir.
“Es el corazón, que se alborota”, te susurro.
Te giras y tus labios improvisan arrebato
de garabatos en mis hojas.
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