
En las antiguas guerras no era extraño que las partes beligerantes hicieran un torneo de palabras o iniciaran una discusión retórica. Un combate no era solamente un asunto de fuerza bruta; era, a la vez, una lucha intelectual.
Este carácter se puede encontrar en la batalla que se dio a orillas del río Koromo, a fines del siglo XI. Derrotado el ejército oriental, su jefe, Sadato, se dio a la fuga. Perseguido de cerca por un general enemigo llamado Yoshiie, y habiéndole gritado éste: "Es vergonzoso para un guerrero dar la espalda al enemigo", Sadato refrenó su caballo y, en el acto, el jefe victorioso improvisó un verso:
"Hecha jirones está la urdimbre del paño".
Apenas salidas estas palabras de sus labios, el guerrero vencido, sin conmoverse, completó la estrofa:
"Porque el uso de largos años ha gastado la trama".
Yoshiie, cuyo arco había estado tendido durante todo ese tiempo, lo desarmó tranquilamente, y volviendo riendas, dejó a su potencial víctima que obrara a su placer. Cuando le preguntaron la razón de tan extraña conducta, contestó que no podía matar vergonzosamente a quien había sabido conservar el temple en su espíritu con la muerte en los talones.
La tristeza que se apoderó de Antonio y Octavio por la muerte de Bruto ha sido cosa común entre nuestros valientes. Kenshin, que luchó durante catorce años contra Shingen, cuando supo de la muerte de este último, lloró públicamente la pérdida del "mejor de los enemigos".
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Inazo Nitobe en Bushido-Preceptos de honor de los Samurais.
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