jueves, 18 de junio de 2009

Quizá mañana ...


Es como un ritual.
Cada mañana la veo al doblar la esquina.

Viene hacia mí con las manos en sus guantes
y esa sonrisa recién estrenada en el alba.

Con el cuello que impide la entrada al frío
y las solapas tejiéndose hasta su cuello,
camina hacia su destino y mis pasos descaminan cada día los suyos.

Se ha convertido en la imagen con la que aliño mi itinerario matutino.

Todo comenzó con una mirada furtiva robada a mis ojos.
La siguió la mía al día siguiente buscando sus ojos,
cabizbajos los dos al cruzarnos en la vereda.

No pudiendo resistirme al encanto de esos ojos negros
al tercer día le guiñé un ojo
con un clic tan rápido como pícaro.

Ella bajó la mirada.

Mi sorpresa fue a la mañana siguiente cuando al pasar a mi lado fue ella quien
me lanzó un guiño de ojo con el boceto de lo que sería su primer sonrisa.

Su apocada timidez le incitó a bajar de nuevo su mirada al pasar a mi lado.

Estuve dos días sin verla.

De nuevo lunes.
Yo llevaba apenas un minuto de retraso y toda la calle de mi casa fue el escenario
que me permitió verla en su máximo esplendor viniendo hacia mí.

El lienzo pintado en su boca estaba terminado y su sonrisa se escapaba
de los labios mientras me miraba conforme nos íbamos acercando.

Un empujoncito que le di al pasar junto a ella hizo que perdiese el equilibrio
y marché con una sonrisa desbocada.

Martes.
Otra vez sincronizados.
Giro la esquina y la veo venir.

En el cruce de nuestras miradas cabalgan nuestras sonrisas y hoy es ella quien
me obliga a bajar de la vereda al estrellar su menudo cuerpo contra el mío.

Continúo mi trayecto preguntándome cuál será la próxima carta
que levantemos en el juego.

Miércoles.
Hace mucho frío.
Hoy me he adelantado yo.
Ya voy por la calle de mi ciudad.

La veo venir a lo lejos, cabizbaja, enfundada en un gorro
y ocultas sus manos en los guantes.

Al percatarse de mi presencia alza su cuerpo, levanta la cabeza
y al cruzarnos coincidimos en sacarnos la lengua.

Pasa de largo y pido un deseo,
como hacía de niño al evidenciar una coincidencia.


Es jueves... y viernes...
y no vuelvo a tener el regalo de ver esos ojos negros.

Supuse que los fríos habían hecho de las suyas y había caído enferma.

Ya llegará el lunes y mi desayuno tendrá el postre de su encuentro.


Pero hoy ya es martes y no ha vuelto a aparecer.

Y echo de menos esa mirada de ojos negros rasgados por una sonrisa.

¡¡¡ Hasta mañana !!!

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