La apariencia es una injusticia.

Las trillizas se asomaron a la cuna de su hermanito recién nacido.
- ¡Qué feo es!
- ¡Y qué pequeño!
- ¡Y no habla!
Para observarlo más de cerca,
metieron las tres sus manos entre los barrotes
y lo levantaron, sujetándolo por la nuca.
Quedó suspendido en el aire como un saquito.
El bebé rompió a llorar estrepitosamente.
La madre acudió, meciéndolo en sus brazos,
desde el otro extremo de la casa.
- ¡Les he dicho mil veces que no pongan al hámster en la cuna!
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