
Todos hemos oído hablar alguna vez de que los colores son capaces de transmitirnos sensaciones.
Basta con bucear un poco por Internet para encontrar largas listas de colores con sus “significados”.
Incluso hay tests de personalidad basados en el análisis de la elección de colores que hacemos en un momento determinado.
Los diseñadores, artistas, interioristas, arquitectos y publicistas
conocen bien estas teorías y las aplican constantemente.
Pero lo que pocos saben es el posible origen de nuestra reacción
a estos estímulos visuales.
Imaginemos durante un momento que retrocedemos
en el tiempo unos 50.000 años y vivimos, por ejemplo, en un bosque.
Por aquel entonces éramos físicamente igual que ahora,
pero apenas disponíamos de tecnología salvo algunas herramientas muy básicas.
Volviendo a nuestra fantasía, pensemos en cada
uno de los colores que nos rodean.
No habría demasiadas cosas azules aparte del cielo o del agua,
que contemplados transmiten la sensación del infinito representada
en la línea del horizonte.
En la actualidad al azul se le atribuye la capacidad de transmitir serenidad,
tranquilidad, verdad, dignidad, constancia, fiabilidad, poder, infinitud, inteligencia, frío, recogimiento, paz, descanso, confianza, liberalismo, seguridad y languidez, sabiduría, recogimiento, espacio, inmortalidad…
(pensemos en marcas como BBVA o Banesto).
De nuevo volvamos a nuestro bosque.
Si miramos alrededor casi todo es verde,
lo que significa que las plantas crecen, y eso lo podemos relacionar
con comida disponible (vegetales o animales que se alimentan de ellos).
El verde es, por lo tanto, una buena noticia.
Hoy en día se usa el verde para transmitir calma, frescura,
esperanza y sugiere primavera, amistad,…
(recordemos, por ejemplo, el color de Amena-hoy Orange-).
Hace 50.000 años tampoco debía haber demasiadas cosas rojas en el bosque.
Los amaneceres y las puestas de sol,
algunas flores y frutas, casi todas venenosas.
Pero si había mucho rojo era porque había fuego o sangre,
porque alguien o algún animal estaba herido o muerto.
El rojo era una señal inequívoca de que había que actuar rápidamente.
Quizás por ello la proporción entre células cónicas de nuestro
ojo que perciben los colores rojos, verdes y azules es de 40:20:10.
Es decir, estamos mucho mejor dotados para detectar
el rojo que el resto de los colores.
El rojo hoy se usa para llamar la atención y transmitir peligro,
excitación,
pasión, sangre, luchar o huir, corazón, actividad, fuerza,
impulso, revolución.
Son rojas las señales de tráfico de peligro, y las de obras además
se intensifican con el amarillo, que es su complementario
y lo hace resaltar aun más.
Pero también son rojas las marcas de alimentación McDonalds, Vips o Nestle.
Y es que el rojo además nos activa el interruptor de la voracidad.
Mi color preferido el AZUL
sopadeciencias.es
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