—No he visto nunca un duende, doctor
—dijo el escritor con la mirada perdida entre las paredes acolchadas.
—Bien.
Ayer me dijo que tampoco conocía usted a ningún troll
y que no es amigo de ningún orco.
Pero, ¿qué hay del elfo que trabaja para usted?
—le preguntó con mirada inquisitoria.
—Sólo habita en mi mente.
—¿Quiere que le quitemos la camisa de fuerza?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué se empeña en seguir negando la realidad?
Mañana volveré a verle.
Reflexione
Y el doctor cerró la puerta de la habitación con sus ventosas azules.

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