viernes, 29 de abril de 2011

Muerte súbita...


—Es preciosa 
—se dijo para sí el hombre de la barra cuando vio entrar 
a la rubia en el bar. 

Mientras lo pensaba, y de forma simultánea,
 esas mismas palabras se escribieron en el aire,
 haciendo público su pensamiento letra a letra,
 de modo que cualquiera podía leerlo. 

La chica se acercó hasta el hombre de la barra
 y puso su boca a un centímetro de sus labios.

 Cuando todo indicaba que la mujer iba a besarle,
 aquel mundo plano se plegó sobre sí mismo 
en una pelota arrugada y terminó en la papelera.

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