sábado, 16 de abril de 2011

Intento final...


Tras muchos años de surcar espacios siderales, 
cabalgar montañas, resolver entuertos, susurrar al oído
 y disolver así viejas tempestades.

 Pasados tantos días de batalla y confusión, 
de éxodo y destierro, conquista y reconquista.

Una vez ya cansado y agotado de su eterno domicilio errante, 
de su vagar sin camino ni tregua, notó crecer en el pecho 
un deseo que siempre le había acompañado:

 Vivir en plenitud.

 No sentirse, como siempre, hecho de retales; fragmentado. 

Y cuando aquella tarde de otoño despertó en amalgama
 con una tormenta y ambos llovieron torrencialmente,
 sintió que a ras de tierra era plenamente uno. Cielo y suelo,
 agua y espejo, realidad y deseo. 

Las nubes del cielo eran arbustos ligeros que preñaban de semillas
 el adusto cemento.


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