miércoles, 24 de octubre de 2012

K-Pax: los extraterrestres y sus problemas de transporte (22.100)


K-Pax era el título de un film de ciencia-ficción de Iain Softley del año 2001,
 y también el nombre del planeta del que supuestamente venía el protagonista de la película, interpretado por Kevin Spacey.
 Diciendo estas cosas, no era muy sorprendente que acabase en un psiquiátrico, donde recibía tratamiento por parte de Jeff Bridges, que al principio no cree ni palabra de lo que dice su paciente pero que más adelante
 empieza a tener sus dudas.
 Este planteamiento se había dado ya en otras películas, en particular
 la argentina Hombre mirando al sudeste (Eliseo Subiela, 1986).
El psiquiatra, que tiene unos conocimientos básicos sobre ciencia, 
le plantea al supuesto alienígena la dificultad que supone viajar a la Tierra desde un planeta tan lejano, puesto que el inevitable Einstein, 
 demostró que la velocidad de la luz es la misma observada desde cualquier punto (algo en principio ilógico para nuestra experiencia, ya que los objetos siempre parecen más rápidos o más lentos en función de si nosotros nos movemos con ellos o en dirección contraria), y segundo y más importante,
 que es imposible superar esa velocidad, de alrededor de 300.000 kilómetros 
por segundo en el vacío, demasiado lenta teniendo en cuenta las distancias
a recorrer en el espacio.


Pero Kevin Spacey tiene respuesta para todo y matiza que Einstein solamente demostró que no se puede acelerar un vehículo hasta superar la velocidad
 de la luz, porque llega un momento en el que la energía que se le suministra 
ya no podría elevar más su velocidad, lo que haría sería aumentar su masa. 
No obstante, pueden existir vehículos que viajen de por sí a una velocidad superior a la luz. De esa forma, nuestro hombre se trasladaría entre la Tierra
 y K-pax sin mayor problema.
La película se plantea al menos la cuestión de la velocidad en lugar de saltársela alegremente como suelen hacer las historias de extraterrestres.
 Pero hay una trampa en el planteamiento de tomar ese super-rayo de luz 
que viaja a tan alta velocidad: ¿cómo subirse a él? 
Todos hemos experimentado alguna vez un acelerón o un frenazo
 en un vehículo; a velocidades pequeñísimas ya es una sacudida molesta,
 a velocidades un poco más altas supone la muerte del pasajero a menos que lleve un cinturón de seguridad; y estas velocidades siguen siendo ridículas
 en comparación de la de la luz. 
Para que Kevin Spacey o cualquier otra forma de vida del tipo que sea, 
pueda tomar ese rayo de luz sin desintegrarse por el acelerón tan brusco, necesita tomar velocidad de forma muy paulatina, con lo cual volvemos a estar en el punto de partida: no podemos acelerarlo hasta la velocidad de la luz. Nosotros que ya nos veíamos tan felices pasando las vacaciones 
en K-Pax el año que viene ...