miércoles, 24 de octubre de 2012

sobre Las hadas veloces (22.099)


Fotografiando hadas es una película británica de 1997 de Nick Willing que aborda la fascinación por los fenómenos sobrenaturales en la época anterior 
a la primera guerra mundial. 
Trata de un fotógrafo que se enfrenta al misterio de unas supuestas fotografías que muestran hadas y que no parecen estar falsificadas.
 La película recoge muchos aspectos típicos de las leyendas:
 las hadas se aparecen en las proximidades de un árbol centenario 
y sólo pueden ser vistas cuando uno se encuentra bajo la influencia de unas plantas que le permiten percibir la realidad a una velocidad 
más lenta de lo habitual.




Esta trama es un curioso cóctel de muchas ideas, algunas con cierta base real. En primer lugar la existencia de sustancias en la naturaleza con propiedades alucinógenas o psicotrópicas, algo que prefiero 
reservar para otra entrada posterior. 
Luego las limitaciones de la visión; nuestro sentido de la vista es perfectamente adecuado para nuestras necesidades pero no es perfecto. 
El cine, sin ir más lejos, se basa en la ilusión óptica de continuidad
 que nos proporciona la vista cuando unas imágenes se suceden a alta velocidad y lo estático se convierte para nosotros en movimiento. 
Con las hadas de la película ocurriría algo parecido, no son visibles
 porque vuelan a muy alta velocidad.


Pero aquí surge un problema.
 Si las hadas vuelan siguiendo trayectorias regulares, lo que veríamos sería como un haz de luz continuo y estático. 
Cuando un objeto se mueve muy rápido dejamos de apreciar el movimiento, pero no el objeto. 
La otra contradicción está en que las hadas puedan atravesar en ciertos momentos los cuerpos de los humanos; existen de hecho partículas 
que no interactuan con la masa, como los neutrinos, y que por lo tanto pueden atravesar tranquilamente nuestros cuerpos sin inmutarse.
 Pero ello supone que su masa es insignificante y que por lo tanto viajan 
a velocidades muy próximas a la de la luz.
 Y que su tamaño será absolutamente ridículo, mucho más pequeño que 
el de un protón o un electrón, que ya resultan inapreciables.
 Las hadas de la película, en cambio, tenían el tamaño de unos insectos 
o pajarillos respetables. 
Por muy potente que sea el efecto de una planta, difícilmente nos podrá hacer viajar a velocidades próximas a la luz ni permitirnos contemplar partículas
 de naturaleza parecida a los neutrinos, que apenas tienen masa y que además 
no reaccionan a fuerzas electromagnéticas; dado que la luz es una onda electromagnética, eso significa que serán invisibles hasta para el mejor
 de los microscopios.
Pero estos son sólo algunos de los problemas que presenta la invisibilidad;
 otros, los propiamente ópticos, los dejamos para otro día.