Está ahí, fuera/dentro y nos parece inalcanzable.
Viajamos a los confines del universo en su busca, estando pegadita a nosotros incapaces de verla..

Incomprensible.
Admiramos embobados todo tipo de artes y ciencias...pintura y literatura, matemáticas o astronomía.
Todos los saberes y artes menos el único que realmente debería interesarnos. Toda nuestra existencia está enfocada a la consecución de su objetivo y la mayoría ni sabe que existe.
Algunos afortunados, por su predisposión innata, tocan de oído, pero la inmensa mayoría debemos aprender a practicar...
el arte de la felicidad.
Somos capaces de resolver ecuaciones complejísimas, acumular ingentes cantidades de saberes, descomponemos la materia en átomos, fractales y sin embargo... no tenemos la más remota idea de cómo gestionar lo que nos ocurre dentro, cómo sacarnos partido y encontrar la forma de sentirnos lo mejor posible.
En caso de urgente necesidad, nos atiborramos de ansiolítico y tranquilizantes si el roto interior se hace muy profundo.
Viajamos a las estrellas buscando causas y motivos, cuando problema y solución se fragua al unísono dentro.
Justo en el yo, del yo mismo, durmiendo a nuestro lado...

Asumimos como verdad incuestionable que lo que sucede fuera decide el bienestar de nuestra existencia y no es cierto.
La condiciona, sin duda.
La dificulta o facilita pero en ningún caso la imposibilita.
Dicho de otra forma, nos hemos convencido que si no disfrutamos de condiciones favorable fuera, nuestra vida es un asco, pura insatisfacción frustraste con la que lidiar porque no queda otra.

Una pena, aunque siempre hay tiempo.
Si hay gente que acude a la universidad con 70 años para estudiar una carrera ¿cómo no va a poder empezarse a estudiar en cualquier momento la forma de sentirnos en paz y armonía interior? esa es la base sobre la que se asienta la verdadera felicidad.
Su plataforma...

De tanto guardar la ropa,
hemos terminado por andar desnudos...

" Se puede alcanzar la felicidad
entrenado la mente."