lunes, 16 de diciembre de 2013

Reencarnación prematura ...


 Nadie me sabe decir cómo ha llegado hasta ahí, sola.
 Yo tampoco sabría, la verdad. 
Cuando me senté en el banco con la pistola en el regazo no estaba:
 lo juro, de otra forma habría oído su llanto agudo y persistente. 

De hecho, tampoco soy consciente del momento en el que ha empezado a llorar. ¡Yo qué voy a saber! La gente pasa rápida por nuestro lado.
 Algunos paran, la miran, me miran y mascullan algo ininteligible.
 Sacuden la cabeza y aprietan los labios, como para que no se les escape la vida. 
Luego agachan la cabeza y continúan su camino.
Yo, inmóvil junto al moisés, pienso en qué hacer con ella

 La vida, ¡ah, la puta vida!
 Enciendo mi último cigarrillo y lo apago de inmediato al sentir miradas de condena como alfileres en los ojos. 

¡Así no hay quién pueda! 

Ya he tomado una decisión: 
mañana me voy a suicidar a otra plaza.