lunes, 16 de diciembre de 2013

Una historia real... bueno casi.


Son las cinco de la madrugada. Una avenida desierta recibe al hombre del traje impoluto. No se observan otros sujetos circulando.
 Espera firme hasta que el semáforo anuncia vía libre. 
Arranca con estrépito de cuero quemado.
 Parte de las suelas del calzado italiano quedan en la acera.
 El ruido no es suficiente para advertir al único vehículo 
que cruza el carril en ese instante. 
La colisión es seca y fría.
 El cuerpo del conductor sale despedido a través de la luna delantera.
 Los faros del coche iluminan un rostro rojo, como el semáforo.
 El peatón se da a la fuga.