
El tiempo no es nada...
el tiempo lo es todo.
El tiempo es una plaga, nos invade inexorablemente.
En el génesis de nuestro caos, nos ilusiona sentir deslizarse los segundos,
los minutos, las horas.
Y pensamos...
el tiempo no es nada...
Al llegar al juvenil arrebato de nuestra alma, sentimos el aire,
el soplo del viento del girar de las manecillas; tica, tac, tic, tac.
Y nos desesperamos porque los días, las semanas,
incluso los meses vayan transitando por la autopista de nuestra realidad.
Y decimos...
el tiempo no es nada...
Sentimos que el tiempo no existe,
salvo marcado por nuestras aventuras, nuestras pequeñas cotidianas conquistas.
Pero el tiempo es cruel, e insiste, y van cayendo años.
Y queremos convencernos...
el tiempo no es nada...
Sin apenas hacer balance llegamos al medievo de nuestra biografía.
La serenidad nos va copando, acaso es compañera del tiempo?
Y pensamos...
el tiempo no es nada?
El tiempo lo es todo.
El tiempo es cruel y pasea los años por las carreteras de nuestra vida,
transformándolas en nuestra historia.
Más, en ese momento, tomamos conciencia del tiempo.
Y decimos...
el tiempo no es nada?
el tiempo lo es todo.
Vamos viendo avanzar los años, oteando de vez en cuando hacia atrás.
Tal vez para recordar, tal vez para valorar.
Nos damos cuenta que el tiempo, caprichoso, ha recorrido el nudo de nuestra vía.
Llegado el desenlace comprendemos que el tiempo es asiduo de la escasez.
Que juega a sumergirse desde el principio al fin, o tal vez desde el fin al principio.
Y nos convencemos...
el tiempo no es nada...
El tiempo lo es todo.
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