viernes, 10 de octubre de 2008

Un lugar de deseos ... Elisa.



No es cierto que las hadas no existan. Entra en este bosque oscuro y desconocido, aquí moran elfos y hadas.
Aquí, en este bosque ocurrió la singular historia que a continuación te relataré.

Este bosque, no lo negaré, era un tanto peculiar.
Sus habitantes eran nicks, sus árboles palabras, su luz una pantalla. Sus flores teclas que ir pulsando, que hacían crecer un bello y cambiante paisaje. Unos días alegre, otros melancólico y algunos incluso pícaro.

Realmente no es que vivieran allí, el bosque lo utilizaban como medio de distracción. Cual jardín de las mil delicias en el que descansar, bromear, jugar o simplemente comunicar; buscar una letra amiga con quien conversar.

Quizás, muchos llegaban allí movidos por el afán de ligar, de seducir, de fascinar.
 Tal vez por simple curiosidad, impulsados por la atracción de lo desconocido.
Acaso por el indicador que había a la entrada del bosque: cibernuncajamás.

No, te dejes llevar por juicios iniciales sin apenas fundamentos. Este bosque era mucho más que un simple ciber.

Entrar a él solía ser un acto sin vuelta atrás. De su espacio, emanaba una insólita panacea que hacía volver una y otra vez irremisiblemente a sus nicks.

Una de esas tardes, tristes y silenciosas, en las que los nicks no acababan de encontrar la forma de que crecieran las flores; uno de ellos se lamentaba de la decadencia del bosque, y otro propuso soñar y desear.

De pronto, comenzaron a brotar flores por doquier, todas buscaban en sus mentes un deseo que pedir, algo que desear.

De los árboles del bosque germinaban ramas y más ramas, se extendían por toda la pantalla.

Uno pedía pantalones de campana y peluca afro para ser el rey del mambo, no, mejor el rey de bastos.
Otros no lo tenían tan claro y se pensaban que pedir. Algunos bromeaban con lo que pensaban que podían desear los demás.

Iban llegando más nicks, el deseo de soñar los atrapaba.
Los nicks asiduos entraban con facilidad en aquel juego. Los nuevos, movidos por las ganas de imaginar, se lanzaban a teclear, solicitaban deseos, preguntaban el porque de aquello, a quien pedir.

Seguían germinando flores y árboles. Uno pedía recuperar su inocencia perdida, otro seguía pensando.
-Besos, muchos besos- pedía otro.
Llegaban incluso a considerar los deseos de los indecisos.
Así para alguno bien podía ser un viaje a Cyurs, o a la parte oscura de la Luna; para otro cualquier cosa que tuviera que ver con el dulce y delicioso chocolate.
Alguno pensaba que los tenía todos vistos, confundiendo deseos con fotografías.
Había quien incluso pedía derecho a cambiar la petición: -mejor una chica para cenar este viernes en mi casa- decía.
Y quien preguntaba si no eran tres los deseos que se solían pedir.

Las flores, líneas y árboles se sucedían.
Que magia había surgido! De un simple deseo rebrotaba el bosque entero.
El hada había cumplido, los deseos había cumplido. Resurgía el bosque, el chat de los deseos.

Sonríe, tu deseo se cumplió, solo hay que soñar y anhelar, y las palabras leerás.
... Aquí estamos ... vos y yo ...

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